La Aldea de la Reina en Versalles

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Ubicada a pocos cientos de metros del palacio, la Aldea de la Reina fue construida para María Antonieta a finales del siglo XVIII. En esta aldea idealizada, la soberana podía disfrutar de los placeres la vida campestre, lejos de las restricciones de la corte.

Una aldea para la reina María Antonieta

Las costumbres demasiado codificadas de la corte aburrían a María Antonieta: por esa razón, a la joven reina le gustaba refugiarse en el Pequeño Trianón, regalo de su esposo Luis XVI poco después de su llegada al trono. Después de renovar el parque, la reina ordena a Richard Mique la ampliación del jardín al norte y la construcción de una pequeña aldea inspirada de los pueblos normandos.

La Aldea de la Reina, que consta de una docena de casitas cubiertas de techos de paja, funcionaba como toda una pequeña granja en donde la reina daba largos paseos y recibía a sus invitados más cercanos.

La construcción de la Aldea de la Reina

Los trabajos empiezan en 1783 y se terminan en 1786. El arquitecto Richard Mique, asesorado por el pintor Hubert Robert, construye cabañas alrededor de un estanque artificial excavado expresamente.

Alrededor de la torre Marlborough que domina el estanque se encuentran las casas reservadas a María Antonieta y sus invitados: la casa de la Reina, un boudoir, un billar, el molino...Otras casitas están destinadas a las actividades agrícolas: el granero (que ya no existe hoy), la lechería, la granja con su establo y su gallinero. El conjunto de estos edificios está dispuesto de modo que la vista desde la orilla del estanque sea agradable y dé la impresión de pasear por un cuadro.

El exterior de las casas contrasta con la atención al detalle en la decoración interior. Si bien las fachadas imitan a la perfección la sencillez de la arquitectura interior, en el interior la reina mandó a colocar muebles lujosos y revestimientos de madera.

Una aldea campestre para el placer de la reina y sus hijos

La Aldea de la Reina refleja el gusto por la naturaleza en boga a finales del siglo XVIII. Inspirada por los escritos de Rousseau, la élite se interesa por las virtudes de una vida campestre. Acaudalados aristócratas, siguiendo la última moda, hacen construir aldeas campestres en los parques de sus castillos. La de María Antonieta está inspirada de la aldea del príncipe de Condé, en el castillo de Chantilly.

Pero a María Antonieta no le interesa solamente tener un lugar de recreo para recibir a sus íntimos: la aldea también tiene fines pedagógicos puesto que la reina desea completar la educación de los niños reales en contacto con la naturaleza. Juntos, asisten al ordeño de las vacas y recogen los huevos en el gallinero.

La aldea salvada de la destrucción

La reina María Antonieta no tendrá mucho tiempo para disfrutar de su aldea. Cuando se va del palacio el 5 de octubre de 1789 está lejos de sospechar que nunca volverá.

Abandonada tras la partida de los monarcas, la aldea sufre de falta de mantenimiento y las casas de deterioran rápidamente. Tras su coronación como emperador, Napoleón I ordena una primera restauración en 1810. Pero habrá que esperar hasta principios del siglo XX para que la Aldea de la Reina recupere todo su esplendor gracias a la donación Rockefeller que permite su restauración completa. Gracias a una nueva restauración a finales de la década de 1990, el complejo y la aldea de la reina María Antonieta vuelven a abrir sus puertas al público.

No deje de dar un paseo por la Aldea de la Reina durante su visita a Versalles. Al igual que María Antonieta en su tiempo, podrá disfrutar de la tranquilidad y la magia de un entorno campestre después de todo el fasto del palacio.

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