Visita del Monte Saint-Michel

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Según cuenta la leyenda, la historia de la abadía del Monte Saint-Michel comienza en los sueños de San Auberto, obispo de Avranches, en los que se le apareció el arcángel San Miguel. Tras la tercera aparición del arcángel, decidió construir un lugar en su honor. Después de encontrar un toro amarrado al Monte Tumba, eligió este peñasco apartado en medio de la bahía para erigir un oratorio sobre el islote de 78 metros de altura.

Notre-Dame-Sous-Terre (Nuestra Señora bajo Tierra)

Con el paso de los siglos, la isla del Monte Tumba pasó a llamarse el Monte Saint-Michel y se convirtió en un lugar de oración, de estudio y de peregrinación. En el año 966, se establecieron allí los benedictinos, monjes copistas y eruditos, que se dedicaron a traducir las obras de Aristóteles del griego antiguo al latín.

La iglesia que se construyó en aquella época para acoger a los monjes de la orden de San Benito desapareció con el tiempo.  Cuando se agrandó el lugar de culto, la antigua iglesia fue prácticamente sepultada por los sucesivos trabajos de construcción.  Fue redescubierta en el siglo XIX y su restauración revela una arquitectura antigua que contrasta con la decoración gótica flamígera de la iglesia abacial actual y la Maravilla.

La iglesia abacial

La iglesia que podemos visitar actualmente fue construida por el abad Roger II entre 1115 y 1125, tras el derrumbamiento de la iglesia que el abad Ranulfo había comenzado a edificar en 1103.

El coro gótico es más tardío, ya que el que construyó el abad Roger II también se derrumbó. Además del coro, la iglesia también está compuesta por la capilla de los Treinta Cirios, la cripta del coro y la capilla de San Martín.

La Maravilla

La Maravilla, situada en la cara norte del Monte Saint-Michel, designa el lugar donde viven los monjes.  Esta construcción de arquitectura gótica se divide en tres plantas y alberga la capellanía, la Sala de los Huéspedes, el refectorio, la bodega, la Sala de los Caballeros y el claustro, dedicado a la meditación.  Este último es famoso por su jardín medieval, donde podemos encontrar rosas de Damasco, una variedad antigua.

Visita de una abadía-prisión

El Monte Saint-Michel fue una prisión de Estado durante el reinado de Luis XI.  Se instalaron calabozos en la abadía.  Durante la Revolución francesa, se encerraron en el Monte Michel, como se le llamaba en aquella época, a los refractarios a los cambios que se produjeron en el reino.  En 1860, un decreto imperial ordenó el cierre definitivo de la prisión.

Tanto turistas como fieles visitan la abadía del Monte Saint-Michel.  Más allá de ser el tercer monumento más visitado de Francia, es un lugar de culto activo.  La restauración del culto en 1922 reanudó las peregrinaciones al Monte Saint-Michel.  El Estado, propietario del lugar, inició la restauración de la abadía en esa misma época. Desde 2001, los hermanos y las hermanas de las Fraternidades Monásticas de Jerusalén celebran cada día misas y se dedican a la meditación.

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