La salamandra de Francisco I, presente en todo Chambord

Si visita el Castillo de Chambord, no podrá evitar tropezarse, a la vuelta de cualquier esquina, con una escultura o una moldura en forma de salamandra.

Este animal, emblema del rey Francisco I, aparece en más de 300 ocasiones en el edificio. Pero, ¿cuál es el significado de la salamandra? ¿Por qué este pequeño anfibio de apenas veinte centímetros fue elegido como símbolo de la realeza?

La salamandra en el bestiario fantástico medieval

La sociedad de la Edad Media, enormemente fervorosa, vivía en una realidad en la que la dimensión de lo desconocido estaba muy presente y donde los límites del mundo real y el mundo fantástico podían llegar a mezclarse muy fácilmente. En el bestiario de animales mágicos figuraba la salamandra. Cuenta la leyenda que este animal, capaz de vivir tanto en la tierra como en el agua, podía resistir también el fuego.

Esta leyenda se fundamenta en el hecho de que la salamandra tiene por costumbre hibernar entre las raíces, por lo que, cuando estas se recogían para utilizarlas como combustible, podía darse el caso de que alguna salamandra acabara accidentalmente en una chimenea. Gracias a la humedad de su piel, que la protege durante algunos segundos de las llamas, la salamandra lograba escaparse tranquilamente de la hoguera ante la mirada atónita de los testigos de la escena.

La salamandra y Francisco I, artífice de Chambord

No resulta difícil comprender por qué este fabuloso animal, que ha contribuido a alimentar tantas leyendas, fue elegido por un rey tan victorioso y prestigioso como Francisco I. Una vez adoptada la salamandra como emblema, el rey no dudó en llenar todos sus castillos con grabados de este animal, tanto el de Fontainebleau como, sobre todo, el Castillo de Chambord.

La salamandra de Chambord se muestra tocada de una corona que reza el siguiente lema: Nutrisco et Extinguo, que podría traducirse como "Me alimento del buen fuego, apago el malo". Aparece representada escupiendo agua para apagar el fuego malo o tragando las llamas para alimentar, al contrario, el buen fuego.

Es un símbolo perfecto para un rey que se consideraba a sí mismo como el protector de su pueblo, el que apagaba el fuego malo, ofrecía resistencia a una fuerza tan destructiva como las llamas e incluso se alimentaba de ellas.

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