Toulouse Lautrec y el Moulin Rouge

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El Moulin Rouge no sería tan famoso hoy en día si no fuera por la contribución de consagrados hombres y mujeres. Toulouse-Lautrec es una de las personas que supuso un mayor impacto en la historia del Moulin Rouge. Pero ¿quién era él exactamente, y cómo contribuyó a desarrollar la reputación del Moulin Rouge? 

¿Quién fue Toulouse-Lautrec? 

Henri de Toulouse-Lautrec nació en 1864 en Albi, en el seno de una de las familias nobles más antiguas de París. A lo largo de su vida, y especialmente durante su infancia, Toulouse-Lautrec tuvo problemas de salud debido a la consanguinidad de sus padres. Sufría una enfermedad que hacía que sus extremidades fuera anormalmente cortas. Tras suspender el examen de bachillerato, decidió perseguir su sueño de convertirse en artista. Más tarde se mudó a París, y dedicó toda su vida a la pintura. Como parte del movimiento posimpresionista, sus cuadros describían la vida en Montmartre a finales del siglo XIX. Afligido de sífilis, así como de alcoholismo debido a su desmesurado consumo de absenta y coñac, recibió cuidados en un sanatorio hasta su muerte, a la edad de 37 años. 

¿Qué relación tiene con el Moulin Rouge? 

Para Toulouse-Lautrec, las cafeterías de Montmartre suponían una especie de consuelo, una forma de olvidar su afección, y es por ello que llegó a apreciar tanto estos lugares. Fue precisamente allí, en uno de los cafés que solía frecuentar, donde conoció a su musa “la Goulue”, cuyo nombre real era Louise Weber. Toulouse-Lautrec también era un cliente habitual del Moulin Rouge, por lo que no es de extrañar que tuviera la habilidad de capturar de manera fiel momentos excepcionales del lugar. Solía asistir cada noche a los espectáculos del Moulin Rouge, dibujando sin descanso todo lo que observaba a su alrededor. En 1891 realizó el primer cartel publicitario del Moulin Rouge, el cual se convirtió en una de las representaciones del cabaret más famosas hasta la fecha. También pintó a personalidades famosas, como Astride Bruant, Jane Avril e Yvette Guilbert. Sus retratos de Jane Avril, con quien contrajo una buena amistad, y sus representaciones del Moulin Rouge están considerados como obras de arte, las cuales nos permiten sumergirnos en el ambiente de Montmartre y el Moulin Rouge de finales del siglo XIX.